A lo largo de la historia, han sido diversas las maneras en las que los compositores y escritores que se han ocupado de la música la han definido, aunque, básicamente, quepa distinguir dos tendencias.
La primera de ellas, procede de la filosofía pitagórica y considera que la música está relacionada con las matemáticas, dado que se basa en correspondencias numéricas que se muestran en las distancias entre las notas y la longitud de las cuerdas en los instrumentos. Dichas correspondencias no serían sino el reflejo de la armonía universal, que se basaba toda ella en la proporción matemática. A causa de esto, se suponía también la existencia de una música cósmica, la "Armonía de las Esferas", que sería el sonido que harían los astros al girar.
La segunda de las tendencias se pone, por el contrario, en el lado del oyente y considera fundamental la capacidad de conmover de la música. La conciencia del poder de la música llevará a numerosos autores a clasificar melodías e instrumentos según el tipo de sentimiento que puedan despertar en el oyente e incluso a buscar modelos de música adecuados para cosas tan diversas como la educación o la medicina.
Estas dos ideas, adoptadas por el Cristianismo, permanecerán en la formación de los músicos hasta entrado el siglo XVIII. La segunda tendrá una importancia especial, toda vez que se verá influida por la idea de que el arte debía imitar a la Naturaleza, que será la base de la teoría artística europea hasta comienzos del siglo XX. El resultado es que la música será considerada como un arte de importancia secundaria, que debía ir subordinada a un texto al que se limitaría a ilustrar. Las causas de esto son dos: la primera, la escasa capacidad de la música para imitar, salvo ruidos concretos y de forma muy limitada, y la segunda, relacionada con la capacidad de conmover, el poder que la música podía llegar a tener sobre el alma. Todo ello hace que se considere a la música como un arte potencialmente peligroso, ya que no se dirigía al intelecto, sino al sentimiento del hombre. Por ello, se la subordina al texto y se compara su papel con el del color dentro de un cuadro. Dentro de esta tendencia cabe citar a escritores tan distantes en el tiempo como San Agustín, Leibniz o Rousseau, que incluso llegó a componer una ópera en la que ponía en práctica su teoría.
Por otra parte, la idea pitagórica hará de la música una rama de las matemáticas y, como tal, se enseñará en la Universidad desde la Edad Media dentro de las Artes Liberales que integraban el Quadrivium, Aritmética, Música, Geometría y Astronomía. Más delante, teóricos como Gioseffo Zarlino y compositores como Jean Phillipe Rameau o Johann Sebastian Bach continuarán en la estela del pitagorismo. De la mano de éstos, comenzará a extenderse la música instrumental.
Ya a finales del siglo XVIII, el inicio de las corrientes filosóficas que darán lugar al Romanticismo y la importancia que conceden a lo irracional se plasmará en una consideración completamente opuesta: la música ahora pasa a ser la más importante de las artes por cuanto habla al sentimiento y no a la razón y con ello apela a lo más profundo del ser del hombre. En palabras de Schopenhauer, uno de los muchos filósofos que, ya en el siglo XIX, se ocuparon del tema, "La música expresa lo que hay de metafísico en el mundo, la cosa en sí de cada fenómeno". Esta idea será la que predomine a lo largo de todo el siglo XIX.
A comienzos del siglo XX, la gran ruptura que supone el arte de vanguardia llevará a una diversificación de teorías en las que, no obstante, será posible observar atisbos de las tendencias básicas ya mencionadas, así como de la concepción romántica de la música. Así, el formalismo de la obra de Stravinsky es heredero de la corriente pitagórica en tanto que la música como sentimiento pervive en la obra de Richard Strauss.
Los griegos consideraban a la música una actividad de función social ligada a todas las prácticas de su vida, por ello era considerada tan importante como el lenguaje mismo, con él que estuvo estrechamente vinculada, ya que el arte de los sonidos era inseparable de la tragedia y la poesía. Además la música estuvo vinculada al culto religioso, la adoración de dioses, así como a los fundamentos de la constitución del Estado, donde era tomada en cuenta en la formación moral de los ciudadanos; porque según los griegos ella influía en la emotividad del ser humano y así mismo en su moralidad.Cierta noche estaba Pitágoras contemplando las estrellas. De repente oyó un gran ruido. Observó a ciertos jóvenes que se esforzaban por entrar en la casa de una hermosa artista. Un músico tocaba una melodía en modo frigio, y esto despertó en los jóvenes su lascivia. Pitágoras se acercó al músico y le mandó que tañese una melodía en modo dórico. Al instante, los jóvenes recuperaron el sosiego y se marcharon a sus hogares.
Los griegos atribuían un elevado valor moral a su música. Ella formaba el carácter. Si era buena, espoleaba a los goces de la acción; si era mala, debilitaba la libre voluntad humana cuando no la suprimía incluso. Por esto, la Música desempeñaba poderoso papel en la educación. La doctrina griega del valor moral de la Música, creada por Platón y perfeccionada por su discípulo Aristóteles, perduró a través de los siglos.”
(Friedrich Herzfeld, Tú y la música. Editorial Labor. Barcelona, 1966. Pgs. 17-18)
Por ejemplo tanto Platón como Aristóteles consideraban necesaria la música para disciplinar la mente, por lo que cierto tipo de melodías eran más adecuadas que otras para producir sentimientos de armonía, orden y bondad. Así mismo la música, dentro de las artes era considerada muy importante, ya que contaba con un valor médico, por ejemplo en la Teoría Catártica de la Música, Aristóteles plantea que el escucha sufre un proceso de purificación de emociones; además en el sentido religioso y educativo, Platón considera la música como la base de la educación ciudadana con el poder de elevar el alma hacia un nivel superior, de perfección. Por todas estas consideraciones, la música estaba, en la base de la formación del ciudadano griego, ya que para ellos la música no era vista como un “adorno superfluo” dentro de la formación de los mismos, caso que vemos a veces en nuestro sistema educativo; más bien como mencione antes jugaba un papel muy importante porque estaba presente en todas las prácticas religiosas y los actos públicos lo que llevaba al ciudadano a que tuviese un conocimiento musical vasto, que le permitiera poder cumplir a cabalidad con su participación en los ellos, y que además , era un honor formar parte, por ejemplo de los coros de la tragedia.
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